Para que los herederos terminen siendo propietarios de los bienes del causante es necesario que se produzca la aceptación de la herencia. Los llamados a la herencia tienen la posibilidad de aceptarla o repudiarla en función de si están interesados o no en finalmente ser titulares de los bienes hereditarios.

¿Cómo se acepta la herencia?

La aceptación no es más que la declaración del llamado a heredar manifestando su deseo en aceptar su condición de heredero llamado a la transmisión mortis causa de la herencia en su favor.

La aceptación puede llevarse a cabo de dos formas:

De forma tácita, cuando por los propios actos del sucesor se entiende que la está aceptando. En este sentido supondrá la aceptación tácita todos aquellos actos dirigidos a tomar posesión de los bienes del causante.

De forma expresa, efectuando la aceptación formal a través de documento privado o escritura notarial. Existen determinados bienes hereditarios que es necesario aceptar mediante escritura pública como es el caso de bienes inmuebles que además deberán ser inscritos en el Registro de la Propiedad a nombre del nuevo titular por mortis causa.

En contraposición a lo anterior, si el llamado a la herencia no está interesado en ser heredero deberá repudiarla manifestando de forma expresa e inequívoca su rechazo a la herencia. No es posible repudiar la herencia de forma tácita, todo aquel que decida repudiar la herencia debe hacerlo a través de escritura pública ante notario.

¿Qué consecuencias tiene la aceptación de la herencia?

La aceptación de la herencia conlleva que el llamado a ser sucesor del causante acepta su condición de heredero y, por tanto, acepta la transmisión mortis causa de los bienes y derechos del causante a su favor.

Tanto la aceptación de la herencia como la repudiación son actos irrevocables por lo que, una vez efectuada la manifestación no son susceptibles de renuncia o desistimiento.

¿Implica algún coste aceptar la herencia?